domingo, 31 de octubre de 2010

Me dijiste...

Me dijiste: quédate,
Y todo el mundo
-así lo creo- paró.
El cielo cayó
A tus pies como el mar
(profundo, silencioso)
Golpea a las rocas
Con la furia del vencido.
Las hojas de los árboles
Volaron al ver tu paso
(mustio, marchito)
Aferrarse a la vida
-otra vida, no sé cual-
Pero que creo que es la mía.
Las palabras
Quedaron distantes de tu boca.
Repetías sin cesar mi nombre
(Pablo, Pablo)
Y mis ojos anticipaban
Su respuesta soñando el tuyo,
Margarita, te dije.
De repente, se hizo el silencio.
Amaneció de nuevo.
Una luz infinita apareció.
Brotó del mar una concha.
En ella se abrió una perla
(nacarada, inverosímil)
A la que decidí nombrar.
Morael, la llamé.
Tenía en sus formas las tuyas,
Serenas curvas,
Ojos terrosos,
Reflejos de coral en su simiente.
De repente, desperté.
Me dijiste: quédate,
Y todo el mundo
-así lo creo- paró.

sábado, 21 de agosto de 2010

Vladimir Maiakovsky (Baghdati, Georgia, 1893 – Moscú, 1930)

¿Se atreve?

Yo emborronaré el mapa de lo vulgar
vertiendo la pintura en un vaso.
En un plato de gelatina mostré
los pómulos oblicuos del océano.

En las escamas de un pez de hojalata
leí la llamada de nuevos labios.
Y usted
¿se atreve
a tocar un nocturno
en la flauta de los canalones?

René Portocarrero



El 2010 viene a sellar las bodas de plata del pintor de las floras con la muerte. Fue repentino el pacto de René Portocarrero y la parca, aunque mucho se haya dicho de su vida desgastada por el alcohol y el sufrimiento ya para 1985. La obra del artista se detuvo por primera vez y para siempre desde que en su infancia conociera el goce de la creación. Dejaron de proliferar los lienzos, las acuarelas, los dibujos, las cerámicas y los vitrales que solo se habían interrumpido temporalmente mientras el hombre viajaba a otro país y el alma se quedaba en Cuba.

Poco confesó a la prensa quien, sin embargo, se conocía por sus charlas amenas en familia y conversaciones deleitables con amigos cercanos. A escasas personas corresponde el privilegio de haberlo escuchado describir su yo más íntimo, que desde afuera, otro tal vez pueda dibujar como un alfiletero en el cual se enganchan felicidad, lujo, dolor, pobreza, buen humor, incomprensión, celos, fama y compromiso.

La crítica llovió sobre su trabajo desde que en 1934 presentara su primera exposición en el Lyceum de La Habana. Los papeles que faltan sobre la vida privada de Portocarrero abundan sobre la trascendencia de este pintor de la llamada segunda vanguardia de la plástica cubana. El fenómeno que algunos definen como arte de estilo barroco —el primero de ellos, Alejo Carpentier—, y que germinó casi al margen de la escuela, dejó huellas en las revistas Verbum, Espuela de Plata, Orígenes y Tricontinental; en la Cárcel de La Habana (mural religioso); en la iglesia de Bauta; en el Museo de Arte Moderno de New York (exposición personal en 1944); en la cerámica de Santiago de Las Vegas; en el restaurante Las Ruinas del Parque Lenin; en la cartelística del ICAIC; en los salones más importantes del Consejo de Estado y de Ministros de la República; en el Teatro Nacional de Cuba; el Museo Nacional de Bellas Artes y muchos otros espacios.

Habría que preguntarse si cientos de cuartillas, tantas palabras, han llegado alguna vez a comprender el cosmos agazapado detrás de los interiores del Cerro, los carnavales, los diablillos, las máscaras y las floras que Portocarrero quiso poner en colores para hablar de lo cubano. De todos modos, no sobrará nunca, para lograr explicar la quintaesencia de esta obra, el intento de tomar la máquina del tiempo y el lente del curador y volver sobre su niñez espléndida, las mudanzas de la familia, los días de hambre, la amistad con Lezama o con Mariano, el vuelco del ´59, las exposiciones, el vínculo con mujeres rebeldes como Celia Sánchez y Haydée Santamaría, los poemas propios, el país y el amor.

Hay una luz amarilla encendida en una ventana sobre un lienzo de La Habana. Puede ser René Portocarrero quien espera frente al mar.

lunes, 31 de mayo de 2010

Rafael Alberti

Un papel desvelado en su blancura...

Un papel desvelado en su blancura.
La hoja blanca de un álamo intachable.
El revés de un jazmín insobornable.
Una azucena virgen de escritura.

El albo viso de una córnea pura.
La piel del agua impúber e impecable.
El dorso de una estrella invulnerable
Sobre lo opuesto a una paloma oscura.

Lo blanco a lo más blanco desafía.
Se asesinan de cal los carmesíes
Y el pelo rubio de la luz es cano.

Nada se atreve a desdecir el día.
Mas todo se me mancha de alhelíes
Por la movida nieve de una mano.

José Hierro

Como la rosa: nunca...

Como la rosa: nunca
te empañe un pensamiento.
No es para ti la vida
que te nace de dentro.
Hermosura que tenga
su ayer en su momento.
Que en sólo tu apariencia
se guarde tu secreto.
Pasados no te brinden
su inquietante misterio.
Recuerdos no te nublen
el cristal de tus sueños.

Cómo puede ser bella
flor que tiene recuerdos.

De "Con las piedras, con el viento" 1950

jueves, 8 de abril de 2010

Aristóteles.

"El ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona."

Pensamiento pesimista

Siempre he pensado que vivo
de una manera poco correcta.
Fumo, bebo y hago cosas
que a algunos les resultan extrañas.
Vivo acompañado, no salgo
y huyo de las multitudes.
No veo buen cine, escucho música
y leo a poetas que nadie conoce.
Pero a pesar de ello,
sufro como tú lo haces,
hablo como tú hablas,
callo como tú callas,
y vivo, sí, vivo,
como tú quisieras vivir.

PJS. Abril de 2010.