Tengo la impresión
de no impresionarme.
Un hecho casual,
indeterminado,
carente de prójimos
y de vanguardias aparentes.
La cuestión es
que tengo la impresión
de haberme impresionado -solo-
cuando el vapor de lluvia
transformó su vaho en arcoiris.
A veces, es necesario tener un espacio propio, tuyo, verdadero. Donde nada ni nadie sea capaz de sustraer aquello que te pertenece, tu esencia, tu ser. Aquí estoy ahora dibujando tus alas, para volar contigo, para volar juntos.
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martes, 20 de marzo de 2012
lunes, 2 de mayo de 2011
Colores
martes, 9 de noviembre de 2010
En el centenario de José Lezama Lima (La habana, 1910 - 1976)
Los fragmentos de la noche
Cómo aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
La noche respira en una intocable humedad,
no en el centro de la esfera que vuela,
y todo lo va uniendo, esquinas o fragmentos,
hasta formar el irrompible tejido de la noche,
sutil y completo como los dedos unidos
que apenas dejan pasar el agua,
como un cestillo mágico
que nada vacío dentro del río.
Yo quería separar mis manos de la noche,
pero se oía una gran sonoridad que no se oía,
como si todo mi cuerpo cayera sobre una serafina
silenciosa en la esquina del templo.
La noche era un reloj no para el tiempo
sino para la luz,
era un pulpo que era una piedra,
era una tela como una pizarra llena de ojos.
Yo quería rescatar la noche
aislando sus fragmentos,
que nada sabían de un cuerpo,
de una tuba de órgano
sino la sustancia que vuela
desconociendo los pestañeos de la luz.
Quería rescatar la respiración
y se alzaba en su soledad y esplendor,
hasta formar el neuma universal
anterior a la aparición del hombre.
La suma respirante
que forma los grandes continentes
de la aurora que sonríe
con zancos infantiles.
Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los dedos y los ojos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo le quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
El sueño, con contornos de diamante,
detenía a la liebre
con orejas de trébol.
Momentáneamente tuve que abandonar la casa
para darle paso a la noche.
Qué brusquedad rompió esa continuidad,
entre la noche trazando el techo,
sosteniéndolo como entre dos nubes
que flotaban en la oscuridad sumergida.
En el comienzo que no anota los nombres,
la llegada de lo diferenciado con campanillas
de acero, con ojos
para la profundidad de las aguas
donde la noche reposaba.
Como en un incendio,
yo quería sacar los recuerdos de la noche,
el tintineo hacia dentro del golpe mate,
como cuando con la palma de la mano
golpeamos la masa de pan.
El sueño volvió a detener a la liebre
que arañaba mis brazos
con palillos de aguarrás.
Riéndose, repartía por mi rostro grandes cicatrices.
Cómo aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
La noche respira en una intocable humedad,
no en el centro de la esfera que vuela,
y todo lo va uniendo, esquinas o fragmentos,
hasta formar el irrompible tejido de la noche,
sutil y completo como los dedos unidos
que apenas dejan pasar el agua,
como un cestillo mágico
que nada vacío dentro del río.
Yo quería separar mis manos de la noche,
pero se oía una gran sonoridad que no se oía,
como si todo mi cuerpo cayera sobre una serafina
silenciosa en la esquina del templo.
La noche era un reloj no para el tiempo
sino para la luz,
era un pulpo que era una piedra,
era una tela como una pizarra llena de ojos.
Yo quería rescatar la noche
aislando sus fragmentos,
que nada sabían de un cuerpo,
de una tuba de órgano
sino la sustancia que vuela
desconociendo los pestañeos de la luz.
Quería rescatar la respiración
y se alzaba en su soledad y esplendor,
hasta formar el neuma universal
anterior a la aparición del hombre.
La suma respirante
que forma los grandes continentes
de la aurora que sonríe
con zancos infantiles.
Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los dedos y los ojos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo le quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
El sueño, con contornos de diamante,
detenía a la liebre
con orejas de trébol.
Momentáneamente tuve que abandonar la casa
para darle paso a la noche.
Qué brusquedad rompió esa continuidad,
entre la noche trazando el techo,
sosteniéndolo como entre dos nubes
que flotaban en la oscuridad sumergida.
En el comienzo que no anota los nombres,
la llegada de lo diferenciado con campanillas
de acero, con ojos
para la profundidad de las aguas
donde la noche reposaba.
Como en un incendio,
yo quería sacar los recuerdos de la noche,
el tintineo hacia dentro del golpe mate,
como cuando con la palma de la mano
golpeamos la masa de pan.
El sueño volvió a detener a la liebre
que arañaba mis brazos
con palillos de aguarrás.
Riéndose, repartía por mi rostro grandes cicatrices.
lunes, 31 de mayo de 2010
Rafael Alberti
Un papel desvelado en su blancura...
Un papel desvelado en su blancura.
La hoja blanca de un álamo intachable.
El revés de un jazmín insobornable.
Una azucena virgen de escritura.
El albo viso de una córnea pura.
La piel del agua impúber e impecable.
El dorso de una estrella invulnerable
Sobre lo opuesto a una paloma oscura.
Lo blanco a lo más blanco desafía.
Se asesinan de cal los carmesíes
Y el pelo rubio de la luz es cano.
Nada se atreve a desdecir el día.
Mas todo se me mancha de alhelíes
Por la movida nieve de una mano.
Un papel desvelado en su blancura.
La hoja blanca de un álamo intachable.
El revés de un jazmín insobornable.
Una azucena virgen de escritura.
El albo viso de una córnea pura.
La piel del agua impúber e impecable.
El dorso de una estrella invulnerable
Sobre lo opuesto a una paloma oscura.
Lo blanco a lo más blanco desafía.
Se asesinan de cal los carmesíes
Y el pelo rubio de la luz es cano.
Nada se atreve a desdecir el día.
Mas todo se me mancha de alhelíes
Por la movida nieve de una mano.
José Hierro
Como la rosa: nunca...
Como la rosa: nunca
te empañe un pensamiento.
No es para ti la vida
que te nace de dentro.
Hermosura que tenga
su ayer en su momento.
Que en sólo tu apariencia
se guarde tu secreto.
Pasados no te brinden
su inquietante misterio.
Recuerdos no te nublen
el cristal de tus sueños.
Cómo puede ser bella
flor que tiene recuerdos.
De "Con las piedras, con el viento" 1950
Como la rosa: nunca
te empañe un pensamiento.
No es para ti la vida
que te nace de dentro.
Hermosura que tenga
su ayer en su momento.
Que en sólo tu apariencia
se guarde tu secreto.
Pasados no te brinden
su inquietante misterio.
Recuerdos no te nublen
el cristal de tus sueños.
Cómo puede ser bella
flor que tiene recuerdos.
De "Con las piedras, con el viento" 1950
jueves, 18 de marzo de 2010
Carta para ti

Fico
Para ti
Como sou
Aqui espero
Desespero
Como era
Sou quem era
Foi assim
Foi no tempo que passou
Foi sentir o teu olhar
Por mim fica quem já me chamou
Assim
Era
Para ti
Como sou
É o tempo
Que lamento
Vou esperar
Não vou esquecer
Foi assim
Que o tempo parou
Num lugar em mim
Que p´ra ti ficou
Estou aqui
No desejo
Do que vi
Do que vejo
Quero saber de ti
P´ra voltar a ver
Em mim o que vi
E não vou esquecer
Estou aqui
No desejo
Do que vi
Do que vejo
Fico
Para ti
Como sou
Carta para ti, Madredeus.
domingo, 10 de enero de 2010
Uma rosa em minha mão



Procurei um lugar
Com meu céu e meu mar,
Não achei.
Procurei o meu par,
Só desgosto e penar
Encontrei.
Onde anda o meu rei,
Que me deixa tão só
Por aí.
A quem tanto busquei
E de tanto que andei,
Me perdi.
Quem me dera encontrar,
Ter meu chão, ter meu mar,
Ter meu chão.
Ver meu campo florir
E uma rosa se abrir
Em minha mão
Vinicius de Moraes
lunes, 14 de septiembre de 2009
A veces, en octubre, es lo que pasa



Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frio oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas;
cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como suspiros que dispersa el viento;
entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:
esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.
No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.
Poesía de Angel Gonzalez
domingo, 2 de agosto de 2009
El Tercer Deseo

Voy a irte a buscar allí,
al pedazo de noche en que
tropezaron de pronto,tus ojos,
mis ojos,tan llenos de igual soledad... allí.
Voy a irte a buscar allí,
a tratar de retroceder,
transitar por el tiempo
y volverte a encontrar
en el mismo lugar que te vi... allí.
Voy a irte a buscar
al instante preciso
en que nuestros rumbos
se unieron en la multitud.
Voy a irte a buscaral tumulto de pasos,
de rostros, de voces y luces
donde te perdí;
voy a volver, regresaré,ve tú también.
Voy a irte a buscar allí,
a acampar para siempre en ti,
y esta vez no habrá fuerza posible
capaz de evitar este encuentro
que presentí.
Voy a irte a buscar allí,
hace un siglo te conocí,
y esta vez no te vas a esfumar
la marea te trajo por fin
hasta mi país.
Voy a irte a buscar
Voy a irte a buscar
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.
Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez;
voy a volver,regresaré,
ve tú también
y espérame...ayer...allí…
Augusto Blanca (1985)
¿A dónde irán a parar mis alas?





¿A dónde irán a parar mis alas,
las que soltaron bridas en su largo andar?
¿A dónde irán después que me vaya
a la remota tierra que me va a guardar?
¿A dónde irán sus fieles difuntos,
los que algún día las quisieron sin jamás?
¿Qué rara flor lanzarán al viento
alguna tarde triste de mirar al mar?
¿A dónde irán sin un día no vuelvo,
cuando un recuerdo, terrible o bello, sea mi razón?
¿Qué quedará en el sentimientosi algún invierno,
si primavera, si un corazón?
¿A dónde irán a parar mis alas,
las que al amor llevaron en su azul volar?
Acaso allá, al sur una estrella
un porvenir un día las encontrará.
Vicente Feliú (1979)
Y tanto…
Ventana al mar.
Veo tu cara
color verde esperanza.
Anida la gaviota sobre tu profundo mar.
Entre el bancal y la palmera
nace un soplo al aire gris
que se cierne sobre nuestras cabezas.
Era más fácil así,
pero tú, mar, tan intenso,
tan profundo y a la vez furioso,
no dejabas de acompañar mi lamento
frente a mi ventana.
Ya estábamos frente a frente.
No nos dejábamos de mirar.
Así era más sencillo, más puro.
color verde esperanza.
Anida la gaviota sobre tu profundo mar.
Entre el bancal y la palmera
nace un soplo al aire gris
que se cierne sobre nuestras cabezas.
Era más fácil así,
pero tú, mar, tan intenso,
tan profundo y a la vez furioso,
no dejabas de acompañar mi lamento
frente a mi ventana.
Ya estábamos frente a frente.
No nos dejábamos de mirar.
Así era más sencillo, más puro.
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