Ver al fondo aquella muralla y pensar en lo infinito. Sobrecoge solamente el hecho de soñarlo. Ese volcán marca el paso de las horas en un lugar donde, tiempo y espacio, quedan inmóviles ante el simple transitar de las nubes. Levanto la mirada. Las palabras, las omito.
A veces, es necesario tener un espacio propio, tuyo, verdadero. Donde nada ni nadie sea capaz de sustraer aquello que te pertenece, tu esencia, tu ser. Aquí estoy ahora dibujando tus alas, para volar contigo, para volar juntos.
lunes, 14 de septiembre de 2009
A veces, en octubre, es lo que pasa



Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frio oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas;
cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como suspiros que dispersa el viento;
entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:
esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.
No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.
Poesía de Angel Gonzalez
domingo, 2 de agosto de 2009
Iballa en Piedra

Allí estaba ella, sentada frente a la plaza viendo los colores de las flores que salpicaban la avenida del puerto. El sol se mostraba más radiante que nunca frente a la torre que rodea el parque del Conde. El espacio conjugaba veces historia, veces leyenda y entretejía relatos de señores y aborígenes que absorto escuchaba a aquel viejo pescador frente a la playa. Creo que su nombre era Iballa. Su nombre me recuerda a aquella princesa mancillada por la crueldad de Peraza y cuya historia elevó al cielo el nombre de la isla. Quizá debía acercarme a ella, preguntarle qué hacía allí sola, en la más terrible de las soledades y dispuesta a que cualquier transeúnte la mirase como quien mira una roca o una ola, sin mayor gloria que la de estar en un momento y en un espacio concreto. Lo cierto es que caminé hacia su banco silente, lo más sigiloso que sabía con tal de verla de cerca, de admirar cómo su pelo alborotado acariciaba la brisa de aquella tarde de abril. Sin embargo, poco a poco, me fui dando cuenta que su pelo, aquel que jugaba dulcemente con el viento, se convertía lentamente en piedra inerte. Rápidamente corrí hacia ella para tocarla y ver si era sólo producto de mi imaginación o si realmente, cual Apolo y Dafne, se estaba transformando en otro ser. Al llegar hasta ella me di cuenta que ya no era una mujer, se había transformado en una bella figura petrificada de semblante triste. La recogí y la deposité donde aún hoy se esconde, en lo alto de la torre. Quien sabe si allí esperará ser elevada al cielo o si aún, muchos siglos después, aguarda a que Hernán Peraza la rescate del abismo de su soledad.
El Tercer Deseo

Voy a irte a buscar allí,
al pedazo de noche en que
tropezaron de pronto,tus ojos,
mis ojos,tan llenos de igual soledad... allí.
Voy a irte a buscar allí,
a tratar de retroceder,
transitar por el tiempo
y volverte a encontrar
en el mismo lugar que te vi... allí.
Voy a irte a buscar
al instante preciso
en que nuestros rumbos
se unieron en la multitud.
Voy a irte a buscaral tumulto de pasos,
de rostros, de voces y luces
donde te perdí;
voy a volver, regresaré,ve tú también.
Voy a irte a buscar allí,
a acampar para siempre en ti,
y esta vez no habrá fuerza posible
capaz de evitar este encuentro
que presentí.
Voy a irte a buscar allí,
hace un siglo te conocí,
y esta vez no te vas a esfumar
la marea te trajo por fin
hasta mi país.
Voy a irte a buscar
Voy a irte a buscar
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.
Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez;
voy a volver,regresaré,
ve tú también
y espérame...ayer...allí…
Augusto Blanca (1985)
¿A dónde irán a parar mis alas?





¿A dónde irán a parar mis alas,
las que soltaron bridas en su largo andar?
¿A dónde irán después que me vaya
a la remota tierra que me va a guardar?
¿A dónde irán sus fieles difuntos,
los que algún día las quisieron sin jamás?
¿Qué rara flor lanzarán al viento
alguna tarde triste de mirar al mar?
¿A dónde irán sin un día no vuelvo,
cuando un recuerdo, terrible o bello, sea mi razón?
¿Qué quedará en el sentimientosi algún invierno,
si primavera, si un corazón?
¿A dónde irán a parar mis alas,
las que al amor llevaron en su azul volar?
Acaso allá, al sur una estrella
un porvenir un día las encontrará.
Vicente Feliú (1979)
Y tanto…
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